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Presentación

Carlos Sackmann Muriel en el estanque Caviahue

 

Carlos Sackmann Muriel

6 de Septiembre 1942 – 26 de Julio de 2016.
BUSCAD EL REINO DE DIOS Y SU JUSTICIA QUE LO DEMÁS SE OS DARÁ POR AÑADIDURA
“Sin lugar a dudas creo que Dios fue muy generoso conmigo” Carlos Sackmann.

Resulta difícil de resumirlo en pocas palabras. Un hombre multifacético, hacedor nato, de avanzada, que pudo expresarse a través de la ganadería, el paisajismo, la jardinería y la familia. Una persona inquieta, de espiritualidad viva que se irradiaba en todas sus obras.
Con gran sensibilidad ha transformado su entorno. Su afán siempre fue “traer el paraíso a la tierra”. Esto se puede apreciar en los campos que le toco “colonizar”. En Casamú actual conviven prácticamente todas las especies arbóreas que se pueden imaginar en estas latitudes, con más de 10.000 ejemplares plantados. Entre ellos se cría el rodeo puro de pedigree más grande de la Argentina, el cual iniciara hace más de 35 años con tan solo 4 vacas y 4 hectáreas. Ha logrado plasmar, de una manera única, lo que el definió como el Angus Productivo. Además de la forestación del campo erigió de manera autodidacta en el casco de 6 hectáreas un magnifico jardín con el cual pudo expresar su interioridad y su creatividad.
Siempre ha sido muy generoso y apasionado por la vida. Supo ver a Dios en la materia y ser respetuoso de ella.

Actualmente el jardín al igual que la cabaña es continuada por sus hijos.

 

Antecedentes

Desde muy chico he realizado tareas en el jardín. Tuve la bendición de haber nacido en septiembre de 1942 en Martínez sobre la Avenida Santa Fe, ya que papá era médico y necesitaba tener buen acceso para que llegaran sus pacientes. Soy el décimo hijo de una familia de once y teníamos una casa grande con un jardín acorde, donde pude dar rienda suelta a toda mi imaginación paisajística. A los 8 años me ocupaba de cuidar el jardín de una pequeña casa que papá daba en alquiler a los fondos y por mi trabajo recibí la primera recompensa monetaria, que me estimuló a hacer mejor las cosas. Así conocí las caléndulas, amapolas, coquetas, marimoñas y muchas otras pequeñas herbáceas que compraba para trasplantar en un vivero que había enfrente a casa. Al mismo tiempo hacía los primeros gajos y con sorpresa veía que luego se transformaban en plantas. Una etapa muy feliz de mi vida.

Casamú en los Cardales. Corrales de venta indexados a los jardines.

            Mientras estudié el secundario y luego la facultad como veterinario seguí de cerca toda esta actividad que me resultaba apasionante. Todavía recuerdo con emoción el olor a humedad que había al entrar al invernáculo que había en casa. Me dí cuenta que ese era un medio afín a mi esencia. Luego como profesional veterinario tuve la posibilidad de recorrer muchas estancias cuyos parques habían sido diseñados por verdaderos profesionales y gracias a mi espíritu observador pude tomar muchas ideas que luego plasmé en terrenos propios. Así aprendí a agrupar las especies y dejar espacios verdes inclinándome por el estilo que luego supe era inglés. Con esto quiero señalar que nunca tuve formación académica del tema y que lo mío es fruto de prueba y error, sin lugar a dudas afianzado por un sentido estético natural.
            Siempre disfruté de los jardines que me tocaron hacer y cuidar: el de mi casa materna también en Martínez y luego el de “El Terreno” mi primera casa en las Lomas de San Isidro. Posteriormente adquirí un campo en Los Cardales, donde pude dar rienda más suelta a mi imaginación haciendo un parque y jardín que me parecía inabarcable porque tenía de todo. Y allí aprendí muchas cosas. En 1997 nos mudamos a este campo en el partido de Zárate donde mi sorpresa era ver que tenía 60 cm de tierra negra y mucho espacio disponible para plantar, plantar y plantar….

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Carlos disfrutando y creando

El comienzo

            Es así que dentro de todo el diseño del campo de 1400 hectáreas que habíamos comprado con mi mujer, destiné 6 hectáreas para el casco. En ese entonces me pesaba sacar de la actividad productiva esa superficie de buena aptitud. Hoy me doy cuenta de lo justificado que fue. Por suerte no había nada hecho como para que ese espacio se pareciera a un parque o jardín, por lo que todo lo pude imaginar sin condicionar mis ideas. Solamente había eucaliptos y Cupressus funebris en fila, además  de paraísos y de algún roble o tilo. Encarar ese parque fue realmente un desafío pues nunca había realizado un proyecto de tal envergadura y creía que no tenía conocimiento como para ello. Peso sí sabía que tenía gran pasión por lo que quería hacer además de cierta dosis de sentido común y estético que me permitieron plasmar lo que hoy tantos apreciamos.
    Para empezar hubo que sacar varios eucaliptos, talas y moreras, nivelar, combatir las malezas de todo tipo y las hormigas negras grandes como grillos. Además había que hacer desaparecer el depósito de chatarra que había. Y se fue logrando. Mi objetivo inicial fue implantar los árboles y arbustos mayores que quería que estuvieran presentes en mi jardín (en fin, todos). Sabía que los canteros y herbáceas llegarían más tarde.  En mi mente racional debía ser: “primero lo primero”. Luego de algunos años de aplicar este sistema, pude empezar a prestar atención al pasto ya que en mi criterio, en un jardín él es el responsable del 60% de la primera impresión favorable que uno recibe.
            Asesorado por un agrónomo decidí que el pasto sería el natural de la zona: cynodon dactilon o bermuda grass, de gran adaptabilidad y resistencia que permite un césped muy agradable y de fácil mantenimiento.

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Afianzamiento

            Y luego comencé a delinear los canteros que se apoyarían sobre árboles o arbustos grandes. Siempre tuve la idea de no hacer más de lo que yo pudiera mantener ya que en aquel entonces no tenía ningún personal fijo que me ayudara en las tareas y además del jardín yo debía atender a la hacienda que es nuestra fuente de ingresos. Tener en cuenta que los canteros se harían sobre campo bruto, verdadero banco de semillas de malezas y rizomas.

Regando plantines.

            Plantear el diseño me resultaba simple pues ya estaban implantados los arbustos  donde hacer espalda y solamente tenía que programar la profundidad del cantero. Está claro que para mí fue un gran apoyo el uso del glifosato, pues me ahorraba mano de obra y tiempo que no tenía disponible.
            Uds. pueden ver una imagen aérea del jardín que estaba diseñando. Me pareció fascinante verla al tiempo con el progreso de imágenes satelitales cuando ya había hecho muchas cosas. Pueden ver que está insertado en pleno campo y que por ser ondulado pude conservar muchos paisajes en perspectiva que le da más profundidad al total. De esta manera al borde del jardín muchas veces están los lotes de animales, (toda la hacienda es Pura de Pedigree incluso los caballos criollos y los perros Dachshund) o los cultivos anuales pudiendo disfrutar de una manera muy natural de todos ellos, integrándolos al paisaje. En el jardín la altitud es de 26 metros, mientras que en lontananza, hacia el río Areco el nivel baja a solamente 6 metros. En el campo también fui forestando todos los cañadones y hoy día queda un panorama espléndido ya que recurrí a toda clase de especies arbóreas, incluyendo, fresnos, robles, álamos, sauces y taxodium entre las caducas y gran variedad de cedros, jinkos, cupressus, pinos, araucarias, etc. que le dan un colorido impactante en otoño y gran presencia el resto del año. Para no hacer muy larga la descripción diré que todas las especies que había en los viveros de la zona traté de implantarlas en Casamú. En esa época plantaba entre 1000 y 1500 árboles por año y que luego de varias temporadas, sumaron varios miles. Y hoy se nota y son “los Parques de Casamú”. Traté de no plantar más árboles que los que podía cuidar anualmente de manera personal. Un lema que me acompaña en la vida es “de todo mucho” y realmente  pude cumplir con abundancia ese aserto, pero con prudencia.
            Pero volvamos al jardín. Para dar estructura a los canteros planté en algunos casos ácer negundo variegata alba, acompañados con cupressus y álamos piramidales y boleana. Los juniperus de todo tipo son las coníferas (y me gustan todas!) que mejor se adaptan al suelo de acá, que tiene la particularidad de tener una capa impermeable a los 60 cm que hace que fracasen muchas especies en algunos años más lluviosos. La media acá es de alrededor de 1200 mm. pero hay años de más de 2000mm muy concentrados en otoño y primavera.
            Para dar notas de color en las diversas épocas del año uso las lagoestremias de diversos colores espléndidas en toda época del año. Los callistemun y los ligustrum áureos cumplen iguales fines contrastando con los cuppressus cyparis. Las gramíneas son un capítulo aparte y las aprecio mucho. El penisetum villosum lo uso mucho para demarcar los grandes canteros, Hay más de 20 especies diferentes de otras gramíneas, que dan color y textura durante casi todo el año. Las descripciones de las mezclas de plantas que plasmé para dar movimiento y color durante todo el año nunca serían tan claras para apreciarlas como mirar atentamente las fotos que muestro y que en todos los casos son muy elocuentes. En algunos canteros comienzo la decoración en el borde y la termino a 20 metros de profundidad y otros tantos de altura, con muchos planos intermedios. Es difícil describir todo lo qué hay y cómo lo combino y sobretodo describir cómo cambia el aspecto a lo largo del año, pero les aseguro que es sorprendente.
            Por ese motivo y tratando de hacerlos participar del cambio anual es que les muestro una enorme colección de imágenes, donde pueden saber el día de la foto y apreciar el mismo lugar en otra època del año. Es fascinante el cambio que se va produciendo.
            La variedad de plantas que hay es inconmensurable tanto en árboles, herbáceas como arbustivas. Casi diría que están todas las especies que hay en los viveros de la zona. Si no están es porque no se adaptaron, pero yo les dí cabida a todas para que prosperaran.
            No podrían faltar los rosales de los que tengo una gran variedad. Podría sintetizar que es mi planta favorita (¡Qué difícil decidirse por una sola!). Los hay de todas clases desde miniatura, floribundas, hibridas de té e inglesas (mi debilidad). Otra especie muy usada y que copan el escenario en ciertos momentos son las salvias de las que hay más de 15 variedades. Son las que cierran el ciclo anual del jardín sobretodo la Salvia leucanta pues son las últimas que se hielan en mayo
            Deliberadamente dejé para el final de esta corta recorrida por el jardín a los estanques.
            En realidad debiera haberlos puesto al comienzo ya que es lo primero que va a ver la gente cuando viene a visitarme. Posiblemente es porque es algo inusual. Sin embargo, en mi concepto cualquier jardín de cierto tamaño (más de 1000 metros), debiera tener un estanque para hacerlo completo. Hace tres años los incorporé al paisaje y me parecen imprescindibles de tener pues recrean un medio diferente al resto y nos permite hacer crecer a los nenúfares y lotos además de la gran variedad de plantas acuáticas.

 

En el Estanque de las Ninpheas

 


            El estanque de las Ninfeas ocupa una superficie de más de 800 metros cuadrados de espejo de agua y está formado por dos lagunas grandes, con piso de tierra donde crece la gran variedad de nenúfares de agua fría y tropicales, que dan flores increíbles desde octubre hasta el comienzo de los fríos. En otros dos más chicos, pero con piso de plástico, viven las 6 variedades de lotos que tienen flores muy llamativas durante diciembre y enero. Todo el entorno esta poblado con áceres sacharinum, fresnos y pinos insignia y es por donde se ingresa a la casa. En la cercanía hay un Ibirá Pytá que dan la nota amarilla en el mes de enero y febrero. También hay tipas y palos borrachos. Y para ingresar al estacionamiento se bordea el monte frutal y la cancha de fútbol.
            El otro estanque lo llamo Caviahué (lugar de reuniones y encuentros) y es una versión corregida y aumentada del de las Ninfeas, con un gran espacio central para facilitar “los encuentros”. Está formado por cuatro estanques de más de 500 metros cada uno y uno de 6 metros de ancho y 30 metros de largo para cultivar los lotos. Durante el verano todo el entorno es de una belleza increíble realzada por un fondo de ácer buerguerianum, pinos, araucarias, robles, taxodium rodeados  con grandes canteros de  gramíneas, altas, medianas y bajas. No podían faltar los canteros con rosales hibridos de té (Luis de Funes, Queen Elizabeth Rose y floribundas Lily Marlen, Iceberg), enmarcados por santolinas,  crisantemos, falaris disciplinado, euryops y gran variedad de otras herbáceas y plantas autóctonas. Además de las infaltables salvias de todos los colores.

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Vista parcial del Jardín 2014.

La actualidad

            Desde hace varios años vivo en Casamú. Ello coincidió con mi jubilación como veterinario que determinó que mi actividad profesional disminuyera y pudiera disfrutar más de lo propio. Agrandamos la casa para poder dar cabida a mis hijos, cuatro de ellos casados y con nietos. Desde la planta alta, que siempre fue la ilusión de mi vida, hay una vista fenomenal, como así también desde todas las ventanas. Notablemente ninguno de mis hijos ni mi mujer salieron jardineros, pero todos acompañan y valoran mi actividad disfrutando del lugar.
            Hoy puedo decir con respecto al emprendimiento de hace 15 años, que “la fiera está domada”, pues casi todo ya está como me gusta verlo.
            He implantado riego artificial, por goteo para todos los canteros y por aspersión para la mayoría de los espacios con césped. Imprescindible para los veranos rigurosos que acá son muy comunes.
            Cuento con un personal, Cristian Retamozzo, en quien confío las tareas más pesadas y el corte de pasto, además de la fertilización y el control de las malezas. Aún reservo para mí la poda y fumigación de los rosales. Desde 2012 se sumo al mantenimiento del jardín mi sobrino Ing. Agrónomo Maxi Daireaux que colabora con tareas calificadas dentro del mismo.
            La preparación de canteros nuevos y el trasplante de arbustos grandes también lo delego con naturalidad, pues ya rehúyo de los grandes esfuerzos físicos.
            Todo lo relativo al diseño anual y el trasplante y multiplicación de matas sigue siendo tarea indelegable, sobretodo pues es algo muy creativo que va variando al momento de hacerla y veo que es mi pasión y habilidad. Es cuando yo “pinto” el cuadro, haciendo combinaciones de formas y colores que es lo que luego llama la atención.
            Durante la primavera, verano y otoño, vienen grupos de visitantes ya anunciados, a los que les explico lo que hago y cómo. Se produce un muy buen intercambio. Hay grupos que realmente para mí son clases prácticas por los conocimientos que expresan. Generalmente paramos al mediodía a la sombra de la morera y disfrutamos de un buen almuerzo y todos muy distendidos disfrutamos de la presencia de Dios. Generalmente explico  que uno de los objetivos de hacer el jardín es manisfestar a Dios con sus obras y que todos podamos sentir su vivencia durante la visita. Se logra y todos los que participamos de ese encuentro percibimos su presencia con gran emoción. 

 

Plantación 2015

Disfrutando un almuerzo bajo la morera durante una visita de un grupo
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